La Narrativa y lo narrado

“Una vez, sentí que había creado un mundo. Una visión tan esplendorosa de la cual me sentía el autor; creí ser el dios de un mundo nuevo.”
-Homo Sapiens

He escrito esta ficción buscando expresar mi visión del universo en cada palabra. El mayor trabajo ha sido adaptar la narrativa. No tengo estudios de literatura, no soy un erudito, para mí la escritura es un pasatiempo. Considero mi trabajo como una ficción y en ningún momento pretendo actuar de profeta, pero la principal razón por la que escribo es esa, dar a conocer al mundo mi cosmogonía.

Para ello, he de mostrar esta concepción del universo desde distintos puntos, de una forma poco convencional, no porque busque una distinción, sino porque de momento no encuentro otra forma mejor. Ya lo he dicho, no soy un erudito y mi trabajo ha ido cambiando sobre la marcha.

La historia que se puede leer en este blog no lleva una linealidad convencional; se divide en episodios, relativamente cortos. Cada episodio puede actuar como una historia en sí misma, y como parte de otra más grande. La narrativa no siempre es igual, cambiará según quien narre el episodio. Para distinguirlo, lo he divido en cuatro categorías:


Arca de Memorias

“¿Qué somos en el tiempo? ¿Después de morir, deja nuestra existencia alguna huella?, ¿pueden acaso ser escuchadas nuestras memorias… por alguien ajeno a nosotros?”

Se trata de narraciones en pasado, cuya distancia con el presente es indefinida; como el residuo de la luz de una vela: puede que los rescoldos de la mecha sigan ardiendo, extinguiéndose poco a poco; o que aquello permanezca sólo en nuestra mente, pues la luz que antes había ahí deslumbró nuestros ojos:

“Si ardí alguna vez, como el fuego; ni el viento más impetuoso habrá de extinguirme de un golpe. Mi calor: el calor de mi vida, habrá de perderse poco a poco, como las brasas de una fogata que en la oscuridad aún exhalan su débil luz.”

En estos textos se narran hechos de la historia general desde la perspectiva de seres que murieron, pero lo hicieron de manera tranquila y complaciente; terminaron su viaje de la manera adecuada. Como un sueño profundo, en el que poco a poco se olvida lo vivido durante el día. Creo que, mientras el cuerpo pierde poco a poco contacto con el mundo, ahí donde el tiempo ya no importa, veremos nuestra vida pasar, proyectada una y otra vez, en recuerdos cada vez más carcomidos; mientras los reminiscentes de calor se apagan, extinguiendo hasta el último rastro perdido en lo que fue nuestro cuerpo.

¿Y por qué lo creo? Pues porque somos como estrellas: hechos a su imagen y semejanza; trozos de materia que exhalan energía. Siento y creo, como muchos, que la vida surgió de la materia inerte como una reacción inevitable; asegurarlo no podemos, pero algo que es evidente en ella, es que es viajera. Sabemos que cuando una estrella muere no es realmente un final, sabemos que la energía y la materia sólo se trasforman: ¿Qué es la vida? Lo que nos compone es parte de este universo y ha sido parte de él desde siempre, siempre ha estado ahí, en alguna forma u otra. Lo único que puedo decir sobre el surgimiento de la vida o el nacimiento de un nuevo ser es:

“Surgiremos de la oscuridad, como la primera vez…”

Viajero

La humanidad: un verdadero ser compuesto por individuos que piensan, hablan y sienten de manera distinta; viajeros en el tiempo, errantes en un camino del cual sabemos poco. ¿De donde venimos? ¿Hacia donde vamos? Nuestro acelerado modo de vida difícilmente nos permite detenernos a preguntárnoslo, sólo nos concentramos en seguir avanzando; y, en ocasiones, sin saber hacia dónde, o por qué.

Nacimos en un mundo que ya estaba creado, nuestra educación es la de un mundo descubierto por nuestros antepasados, una realidad premeditada; pero… ¿qué tan diferente fue esta realidad para los primeros hombres? ¿Cuán diferente será para aquellos que habrán de nacer en un futuro?

Esta realidad es semejante a una pintura, plasmada por la mano de nuestros padres o por la de la sociedad; una copia de la misma que estuvo frente a su rostros cuando nacieron; poco a poco, cambiamos la pintura a nuestro gusto y es lo que realmente vemos al abrir los ojos; a unos, la desgracia les desgarra el lienzo y les obliga a cambiarla totalmente, pero siempre esta ahí: con su complejidad o sencillez, obstruyendo nuestra mirada.

Y cuál es la realidad verdadera ¡Quién podría saberlo! Si rompiéramos o desplazáramos el lienzo sería sólo para ver otro detrás de él, pintado por una mano ajena y anónima, autoproclamada humanidad. Lo que vemos en este otro lienzo dependerá de cada hombre. ¿Cual ha sido nuestra historia desde él comienzo? ¿Desde cual comienzo?

Las historias siempre tiene precedentes, y estos se pierden en los límites de la memoria. ¿Qué más da la realidad verdadera? Con la única que habremos de vivir es con la propia. Pero la curiosidad del hombre es difícilmente apaciguada.


Esta es la historia de la humanidad, desde su presente, pues es lo único que existe, un presente efímero:

“Sólo somos un recuerdo de lo que solíamos ser. Aun cuando te creas en el presente, lo único que existe realmente es un momento mucho más corto que un latido de tu corazón.”

Desde el comienzo ha existido el mismo momento, el tiempo sólo esta marcado por los cambios, pero no es una condición real, no a mi parecer. No es algo cíclico o cambiante, es sólido, somos nosotros los que nos movemos, interpretando los cambios como el tiempo. Buscamos cuantificarle para poder estructurar nuestra realidad, pero ese es un tiempo de fantasía, pues no le controlamos realmente; el tiempo es externo a nosotros. En escalas distintas para diferentes proporciones: para una estrella no existen los días, ni los años; sus cambios nos parecen lentos, podríamos extinguirnos antes de ver en ellas alteraciones considerables; y no es lo mismo para un átomo.


En los episodios de la novela marcados con esta etiqueta, el narrador podría ser el mismo tiempo, o alguien semejante a él, uno que fuera externo a esos cambios y los mirara desde cualquier ángulo posible; en la literatura se le llama narrador de tercera persona. Estos textos forman la historia principal, todo lo demás se desenvuelve según lo narrado en ellos.


Esta idea del tiempo fijo aún yo me la cuestionó fuertemente; sé que en cierto modo podemos viajar en el tiempo, como cuando navegamos en el mar de nuestros recuerdos. Pero no volvemos atrás realmente, sólo vemos el pasado, desgastado y reconstruido por la memoria. Algo cierto es que cuando nos abstraemos en nuestros recuerdos, sacrificamos momentos de nuestra vida actual:

“La nostalgia de mi ayer corrompe mi presente, vivo segundos de muerte mientras me pierdo entre mis recuerdos”

Voces de la oscuridad

Habemos quienes no logramos terminar el viaje, sólo lamentamos lo que fue de nuestras vidas. ¡Atrapados!; ni muertos ni vivos, sólo en la oscuridad.

Un punto de vista semejante al del Arca de Memorias, pero en esta ocasión visto desde muertos que caen en la locura, espantados por la oscuridad de sus últimos momentos. Quizá una forma de limbo sería la abstinencia y negación a la muerte: cuando no se acepta y se deja partir, o no se es posible ya. No hablo de religión, sino de un estado de conciencia. Sabemos que hay vida en nuestros cuerpos y sabemos que hay algo que nos mantiene despiertos en ellos. Con el nacimiento nuestras madres forman nuestros cuerpos y la vida se asienta en ellos; con la muerte lo único que se extingue es la vida, y eso que nos despertaba en el cuerpo desaparece; pero el cuerpo persiste, deformándose quizá, pero no desapareciendo.

¿Qué pasaría si después de la muerte continuásemos en él, si por alguna razón, no partiésemos? ¿O si algo más nos atara al mundo, algo que ya no pudiera morir?, ¿sería esta condición mejor que la muerte? Una terrible forma de inmortalidad a mi parecer. No poder trascender y ser sólo una sombra de lo que se fue, sin poder cambiarlo.

Permaneceríamos en la oscuridad, esperando inacabadamente, sin energías que pudiesen agotarse, sin tiempo, hasta que, inevitablemente, olvidásemos aquello que nos mantenía allí, y el reminiscente podría extinguirse. No porque murió, sino por que se opaco a si mismo, con su propio eco.


Esto no les impediría volver en algún momento de redención, aunque sería difícil. Si la resurrección existiera tendría sentido, después de todo los seres buscan la existencia de nuevas generaciones de su especie, quizá con el único propósito de tener un medio futuro por el cual volver al mundo. Es por estas ideas que considero esta historia ficción, porque no puedo comprobarlo y porque, después de divagar un rato en ello, termino por convencerme de que realmente no lo creo; sólo me gusta como lo que es.

Aquí es donde entran palabras graves, donde construyo algo que de tener éxito podría convertirse en un arma de dos filos (si mi ficción se antepone a mi realidad). El pastor, que guía a su rebaño y lo protege, lo hace con el único propósito de beneficiarse más tarde de él. Podrá amarlo como se ama al fruto de su trabajo, pero al final, es sólo el medio que lo manteniente en pie.

Y si así como nuestro cuerpo mantiene nuestra vida y conciencia en este mundo, así como pudiera mantener eso que llaman “Alma” ¿Qué tal si así mantuvieran las creencias en masa a los Dioses?


Un ser trascendental que abandonó su cuerpo, manteniéndose en pie mediante otros seres que prestan parte de su mente para mantenerle vivo, la verdadera inmortalidad. Como un gran acontecimiento que se recuerda por generaciones, mientras haya lenguas que le narren no morirá; pero el silencio lo podría llevar al olvido, junto con todos aquellos hechos que se han perdido en el tiempo.


Creo que podemos existir sin cuerpo… aunque, quizá, esa condición ya no podría definirse como existencia.


Ecos del Árbol

El pasado esta lleno de huellas, ecos resonantes que estremecen el vacío del ayer.
Bienvenido viajero a este altar de leyendas, nuestras voces narrarán al viento las historias del pasado que dejaron huella en los caminos de la vida.

He tocado el punto, a lo largo de este artículo he llevado una mención vana de conceptos principales para llegar justo aquí. Tienen un cierto orden, comenzando con la mención de la muerte y lo que hay después, también sobre el surgimiento de la vida, sobre lo que vemos como humanos, sobre lo que somos y lo que lográmos, sobre cómo desconocemos nuestro verdadero objetivo y algunas especulaciones propias del cual podría ser: y no hay palabra que lo describa mejor que “la trascendencia”.

Al final, debo aclarar, todo esto es una ficción; así como lo es levantarse por las mañanas y mirar lo que hay a tu alrededor. Nada de lo que hay ahí es lo que se ve, y pocas cosas existieron realmente desde hace más de doscientos años. Todo lo que conocemos es una ficción que nos hemos creado en unos cuantos siglos de existencia; pero este rincón del universo que hemos llenado de ruido alguna vez conoció el silencio.


Somos invasores de la materia, la tomamos y le damos la forma de un cuerpo, desde los seres que hemos llamado “primitivos” hasta nosotros los seres humanos, estamos hechos de la misma materia. Evolucionamos, optando por mejores capacidades… ¿capacidades de qué? De pensamiento, de auto-creación. Nos volvemos pensantes y aumentamos nuestra población disparadamente; nos volvemos creadores y construimos ciudades; construimos un mundo totalmente distinto al que nos creó, al final cuesta entender si hemos o no rotó el paradigma de la imagen y semejanza:

“Soy aquello que tiene tu forma, mas tu forma es la de aquello que te rodea.”

Tomamos la forma del mundo que nos creo, y fue nuestra imagen; pero el mundo que hemos creado, ¿nos refleja como somos ahora?

¿Y todo para qué, qué nos mueve a evolucionar? ¿Qué nos mueve a crecer, a conquistar, a viajar, a supervivir? ¿Acaso un Dios?

Creo, que por encima de todo lo que podemos ver, más allá del horizonte, existe una fuerza impetuosa cuya única voluntad y mandato es: “Ve, crece y reprodúcete”. ¿Cuál es su gran interés en esto? Si somos su creación, es evidente que mediante nuestro crecimiento y expansión él prosperará.

Un ser primigenio y trascendental, formado por todo lo que está por encima de nosotros. La fuerza que da la vida, la fuerza que invade y contamina la materia inerte; una de las tantas fuerzas que se desprendieron de la chispa de la creación. Pues sí, creo en la creación, aunque, como dije: toda historia tiene precedentes, y a esta creación pudieron precederle muchas.

Un ciclo infinito que se repite así mismo, dejando huellas y reminiscentes que le permiten crecer; en el momento en que supera sus propios límites, vuelve al punto de partida, porque es inevitable.


Algo difícil de exponer en pocas palabras, ese es el árbol que describe Jeremías Rockwood en sus obras de investigación. Somos las raíces, lo que conecta la materia a un ser superior; quizá algún día llegáremos a la copa, entonces sólo faltará dar un paso para convertirnos en frutos, caer a la tierra y formar un árbol independiente.


Y todo está unido a un común que llamamos universo, esta es su historia, narrada en un punto aleatorio desde un rincón de él. Con los ecos del árbol se escuchan leyendas que han dejado huella en sus raíces, estas son narradas por seres trascendentales, seres aún superiores a los dioses que conocemos, dioses que han perdido su integridad y forman parte del común, pues era su mejor opción: volver al origen o perderse en la oscuridad.

Nosotros, los pequeños seres, estamos aquí para llegar a su lugar, para darle un sentido a la creación mientras la luz le ilumine; cuando le devore la oscuridad, todo lo que hemos creado desaparecerá en ella y sólo permanecerá aquello que late pulsando su luz, esperando un nuevo comienzo.

“Somos un guiño en el tiempo, navegantes en el mar de la vida, viajeros, pues nuestra vida es un camino hacia la inmortalidad.”


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